Wednesday, May 14, 2014

De Angkor Wat a Phnom Penh

El 9 de abril cogimos el autobús por la mañana de Siem Reap (la ciudad donde están los templos de Angkor Wat) a Phnom Penh. Lucía se hubiese quedado algo más, pero dos días de ver piedras antiguas ya era demasiado para mí. 

Lo de abajo es un taller textil, totalmente abierto a la calle, con 10 o 12 camboyanos con las máquinas de coser. Es la mar de divertido eso de que tengan muchos negocios al aire libre y poder cotillear.


A Lucía le hacían mucha gracia los anuncios como el de abajo que había en los numerosos bares de copas. No tenemos ni idea de lo que pone, pero por la pinta del local: 1 chica --> 70 dólares, 2 chicas --> 120. ¡Oferta! Por cierto, que se nota que este sitio era de turistas bien, porque pone los precios en dólares y además las tarifas están burbujeadas. Normalmente era mucho más barato.


Luego nos montamos en el autobús y nos pasamos todo el día dentro de camino a la capital de Camboya. Lo malo con respecto a los autobuses diurnos es que pierdes un día de ver cosas. Lo bueno es que como las carreteres son malísimas y vas muy despacio, ves la vida al lado de la carretera, y es curiosísima. Y en las zonas rurales, todavía más curiosa. Con mi cámara sólo hice un par de fotos, porque como es peor no se pueden hacer fotos en movimiento. Pero este día, como Lucía dormía le cogí la cámara grande y pude hacer unas cuantas.

Pongo unas cuantas fotos de las casas. La mayoría están elevadas para tener la parte de abajo para guardar cosas a para dormitar a la sombra cuando hace demasiado calor.




Mucha gente dejar secar cereales al sol. A veces hasta invaden la carretera y el autobús tenía que esquivarlas.


Los medios de transporte que tienen, ya sea autobús, coche, moto o bicicleta, los aprovechan bien.



La foto de abajo la pongo por ilustración. En Myanmar habíamos llegado a ver 5 personas en una moto. En Camboya llegamos a los 6, el récord que he observado durante el viaje, pero no me dio tiempo a hacerle una foto.


En las zonas urbanas estaban las motos con el remolque cubierto.


En las rurales preferían remolques abiertos, porque se podían acumular mas cosas.


Y lo de abajo es un medio de transporte que sólo he visto en Camboya. Es una especie de cortacésped de gasolina al que le han puesto un mango largo y le han pegado un remolque. El de la foto de abajo es más emprendedor y además le ha puesto un techo con palos y una sábana para que dé la sombra. En las zonas rurales estaban por todas partes. 


Abajo un vehículo que no sé describir, pero vi un par de supertriciclos de estos.


El tío de abajo había puesto una especie de escalera con mini-peldaños alternos a una palmera y acababa de bajar. Iba con su machete en el cinto y unos contenedores con un líquido blanco que acababa de recolectar.


Gasolineras nos cruzamos un montón.



Abajo uno repostando. Con una botella de fanta naranja y un embudo.


Ya lo he comentado, que las gasolineras suelen tener servicio completo y también hinchan las ruedas, como al vehículo de abajo. Lo que no creo es que el de abajo le haya comprado gasolina.


Tenía que ser abril la época de las bodas, porque conté 3 por el camino. 



Como invitaban a todos los aldeanos de alrededor, los vecinos les dejaban sus campos para que los invitados aparcasen sus vehículos.


De la carretera principal salen desviaciones a carreteras secundarias, y suelen tener unos pórticos.



El campo durante gran parte del viaje tenía esta pinta.



Vendiendo cocos.


El autobús hizo una parada para darnos tiempo a comer algo, así que nos bajamos. 

Lucía tenía ganas de algo vegetariano, vio las flores de loto y se compró un par.


Yo tenía ganas de carne, ví los grillos fritos y me compré una bolsita.



Y ya de noche llegamos a Phom Penh. Lo de abajo es el palacio real, (detrás de la sombra de Lucía con la mochila) pero no se ve mucho. Nosotros nos quedamos justo al lado.


Un camboyano de los que te llevan en moto a los sitios durmiendo por la noche. Lo bueno es que ya estás en un lugar estratégico para recoger a los turistas que madrugan el día siguiente.

Monday, May 12, 2014

Angkor Wat 2 - Angkor Tom, Ta Prohm y templitis

El 8 de abril nos despertamos prontísimo, agarramos las tupper que nos habían preparado los del hotel para el desayuno y cogimos las bicicletas con las linternas en la cabeza. Eran como las 5 de la mañana. 

Nos fuimos a ver el amanecer al templo de Angkor Wat, el mismo desde el que habíamos visto el anochecer el día anterior. El templo estaba a unos 45 minutos del hotel. Si alguien se piensa que iba a estar vacío por ser horas tan tempranas, se equivoca. Cuando llegamos había muchísima gente, la mayoría con trípodes en los lugares estratégicos para hacer las fotos. Una feria, vamos. 





Lucía esto de madrugar lo lleva sólo regular, así que yo creo que en la primera hora y media no me dirigió más de 2 frases. Quién necesita hablar ante tanta belleza... Además, no teníamos trípode y los sitios buenos estaban cogidos, así que fotos, pocas y regulares. 

Al menos cuando sacamos los tuppers del desayuno se entretuvo un rato untando la mantequilla en el croissant y como estaba muy concentrada se le quitó la cara de enfurruñada.


Luego ya se desperezó un poco.



Después volvimos a coger la bici y nos fuimos a ver otros templos. Templos había para aburrir. De hecho, al final del día Miguel desarrolló un caso agudo de templitis y tuvimos que abandonar Siem Reap corriendo. 



Realmente es una pena, porque ese día cogí yo también la cámara grande, así que hice muy pocas fotos con la pequeña. Lucía y yo tenemos las cámaras divididas. Ella usa la grande, la réflex, y yo uso la pequeña compacta, que llevo siempre en el bolsillo excepto cuando me estoy duchando. Todas las fotos que pongo yo en el blog son de la cámara pequeña, que es más práctico, aunque como desventaja os quedáis sin ver las fotos bonitas. Ella de vez en cuando pone alguna de su cámara grande si quiere añadir algo. Pero Angkor Wat era tan bonito, que yo quería también coger la cámara grande y hacerle fotos de recuerdo. Y por una vez, me la dejó. Infamia. Y gorda. ¡La coge siempre que quiere! Y además cuando la coge no la suelta. De testigos está el mundo lleno, que le pregunten a cualquiera que haya ido con él de viaje. 

Nuestro primer templo era uno menos conocido (Banteay Kadei), lo que lo hace muy agradable porque no te encuentras con gente cada dos por tres. 


Es curioso que los templos estos siguen siendo sitio de devoción - Aquí nos encontramos una monja budista, que parecía vivir allí. Si te dejabas engatusar, te daba incienso y te enseñaba a ser un buen budista, haciendo toda la parafernalia antes de dejar el incienso frente al altar. 


Los templos están todos semiderruidos, algunos más reconstruidos que otros, muchas veces con dinero de países vecinos (China / India). Camboya es pobre, pobre, y supongo que su dinero les preocupará más usarlo en seguir quitando minas de las que dejaron los jemeres rojos, siendo optimista. No sé cómo será de cara a la conservación, pero en los templos básicamente te dejan meterte por cualquier sitio, que tiene bastante más interés que mirarlo desde fuera. 


Pese a que era menos importante, este templo también tenía su vendedorcillo ambulante, que insistía en que Miguel le comprase una flauta. Estuvieron discutiendo (el chico en camboyano / inglés y Miguel en español) durante unos 10 minutos, yo creo que el chavalín se lo pasó pipa. 


Miguel con los primeros síntomas de templitis aguda. 


El siguiente templo de la lista era mi prefe - Ta Prohm. Está invadido por árboles, y es famoso por haber servido de inspiración para los escenarios del juego de consola / ordenador Tomb Raider (la peli la protagonizó Angelina Jolie y creo que también se filmaron escenas aquí). 








Como hacía mucho calor, nos sentamos en un puestecito al lado de un templo en medio de la nada a tomar algo. Yo empecé a escribir en el iPad y Lucía sacó el móvil, pero se acercaron los niños de la dueña. Al principio sólo miraban con curiosidad lo que estábamos haciendo. Pero después empezaron a trastear por todas partes, y evidentemente se acabo lo de poder escribir tranquilo.



La niña pequeña, que era la que más molaba, descubrió la cámara de fotos del iPad, y le dio por sacar a relucir su lado artístico.






Una vez recuperamos los cacharros electrónicos, proseguimos rápido el camino. A lo tonto nos llevamos como 1h jugando con ellos. La niña pequeña se quedó llorando porque nos íbamos (o más bien, porque el iPad se iba). Y nada, a ver más templos-palacios.

La siguiente parada es otro templo conocido por las caras de buda que tiene talladas por todas partes. Se llama Bayon y forma parte de Angkor Tom, que es la ciudad amurallada antigua. 










Por la noche estábamos cansadísimos de habernos levantado pronto, de la bici y del calor, así que ni ver el anochecer ni leches, nos fuimos a ducharnos y a tomar algo por el centro.